El 11 de junio, Graciela Bolognini llegó a Miami (Estados Unidos) con la intención de visitar familiares y descansar después de atravesar un complejo período, provocado por la pandemia, con su empresa de catering. Sin embargo, esta mujer hoy forma parte de los argentinos que están diseminados en todo el mundo sin la posibilidad de volver a sus hogares.
“No vine a vacunarme ni tirar plata por la ventana. Vine a reanimarme un poco de estos 16 meses en los que estamos con un negocio estancados y empobreciéndonos”, contó la mujer de 64 años a LA GACETA y resaltó que viajó invitada por su hermano (que reside allí) luego de completar su esquema de vacunación en el país. “Soy parte de ese pequeño porcentaje de agraciados que consiguió vacunarse con dos dosis en Argentina”, agregó.
Graciela ya debería estar de regreso en Tucumán, sin embargo deberá esperar hasta el 18 de julio para embarcar el avión que la regrese a casa. Por la fecha de vuelo, ella no imaginó que la restricción gubernamental iba a afectarla. “Yo estaba tomando un café en un bar y en otra mesa una mujer argentina hablaba de la postergación de su viaje, pero a mí ya me habían confirmado el viaje y ya estaba preparando la valija” relató.
Sobre ese momento en el que se enteró que su estadía se prolongaría obligadamente, Bolognini confesó que quedó “desconcertada” y sintió que le “sacaron el piso y quedó en un vacío”. “Es muy loco no poder volver a tu casa y que te sometan a pagar gastos en un país extranjero sin siquiera preocuparse por saber si contás con esa plata”, enfatizó.
Costo emocional
Ella había rentado una vivienda a través de una plataforma virtual y al ocurrir este suceso se comunicó con la propietaria y le extendió la estadía. “Mi situación no es tan grave porque tengo familia y si bien no estaba parando en su casa, sé que tengo esa posibilidad si llega a hacer falta. Tengo alguien en quien apoyarme a diferencia de muchas otras personas”, dijo.
“A mí me cuesta más lo emocional y lidiar con la idea de que tengo cosas que hacer en Argentina. Yo soy paciente cardiaca y había calculado mis remedios para estos días y se me terminaron. Ahora debo ver si puedo conseguirlos porque ese tema no es sencillo aquí y además es un tanto costoso”, describió.
Bolognini contó que desde la postergación de su vuelo de regreso no tuvo ningún contacto por parte del Consulado de Argentina que funciona en el estado de Florida y tanto ella como otros ciudadanos se sienten “abandonados”.
En relación a las declaraciones juradas que los viajantes firman antes de tomar un avión, detalló que lo hizo sin imaginarse este tipo de consecuencias. Además, las personas que no prestan consentimiento no pueden viajar y eso significa perder el pasaje.
“Es cierto que también tenemos una responsabilidad, pero tampoco pueden dejarnos así. Cuándo salís preparás los gastos para afrontar el viaje que planeaste, pero no para pagar comida, hospedaje y demás por mucho más días”, puntualizó. Y sentenció: “salir de vacaciones no es un pecado”.
Graciela remarcó que lo más angustiante de la distancia es no poder hacerse cargo de sus quehaceres cotidianos en la provincia. Necesita que alguien vea su departamento, pague el alquiler y ponerse al frente del negocio que fundó hace 28 años.
“Con mis hijos conformamos un equipo que hace todo y en estos meses sin poder hacer catering, hicimos de todo para crear nuevos caminos y así sobrevivir”, concluyó.
Otra historia
“Con un amigo viajamos a Nueva York y California. Era imposible que canceláramos el viaje porque perdíamos todo lo que se había pagado. Llegamos el 4 de junio y el día 26 cuando íbamos a tomar el vuelo de regreso al país, comenzó esta pesadilla”, cuenta Juan Pablo Saade, de 32 años.
El joven relata que esa noche fue interminable. Tras la cancelación del vuelo Nueva York a Buenos Aires. La aerolínea American Airlines le ofreció una conexión Dallas a Buenos Aires, sin embargo cuando iba a abordar el vuelo que lo traería a la Argentina se volvió a cancelar.
“Hasta las tres de la mañana estuvimos en el aeropuerto esperando explicaciones. Nadie nos decía nada. Era una situación desesperante, no sabes qué hacer. Luego de esas horas interminables nos ofrecieron un vuelo a Miami donde se encuentra la mayor parte de los compatriotas varados y aquí estamos desde entonces”, sostiene.
Juan Pablo y el resto de argentinos esperan por estas horas una respuesta. No saben cuándo podrán regresar. “La mayoría de personas con las que hablo son de Buenos Aires. Es una situación complicada. Hay una mujer embarazada de 32 semanas o personas que se les está acabando la insulina. Es grave”, remarcó.
El joven rechaza las críticas de quienes consideran que conocían los riesgos a la hora de viajar. Califica como una burla que muchas personas digan que se “quedan un mes de vacaciones”. ”Uno viaja con un presupuesto ajustado. No tengo plata para quedarme 31 días más. La vida aquí es muy cara. Además, el tipo de cambio no nos favorece, tenemos que pagar un 30% del impuesto país”, añade.
El tucumano cuenta que actualmente se encuentra alojado en una casa de unos amigos venezolanos que le brindaron su ayuda. Además, destacó la solidaridad de los argentinos radicados en el sur de la Florida.
“Lo que rescato es la solidaridad de la gente y de los argentinos que radican en Miami. Cuando me encontraba en el aeropuerto hablando con otro compatriota nos dio su teléfono y se puso a disposición. Es un gesto que se valora mucho”, contó. A más de 6.058 kilómetros de distancia, Juan Pablo no pierde las esperanzas de reencontrarse pronto con sus seres queridos y que esta pesadilla acabe lo más pronto posible.
“Todos los días estamos pendientes de los vuelos. Cada 72 horas hacemos un PCR por si se adelanta la repatriación. Hasta el momento nos dijeron que en agosto podríamos volver, pero no se sabe. Mucha gente que regresa es porque puede pagar vuelos de 1.000 dólares. Es triste lo que pasa en Argentina”, concluyó.
Cinco meses de espera: planteo de la cámara de líneas aéreas
La Cámara de Líneas Aéreas en Argentina reiteró su reclamo para que se concrete una reunión con funcionarios del Gobierno. Advirtió que “la demora de muchos pasajeros para retornar a sus hogares podría extenderse en hasta cinco meses”. “La norma publicada el 25 de junio y aplicada en forma inmediata redujo en forma repentina el ya muy limitado cupo de pasajeros diarios que las compañías aéreas podíamos transportar hacia Argentina, de 2.000 pasajeros previo a su dictado a solo 600 pasajeros diarios. Esta drástica medida representa un tope promedio de dos vuelos diarios en todo el país, que equivale al 2% de lo que la industria transportaba prepandemia”, señalaron las autoridades.